Actualizado:
05 diciembre 2016
13:46
Dany Vilaplana

Megafonía

| 02-03-2016 | facebook twitter

Se escapó vivo el Barça B y eso fue lo que más dolió. El Alcoyano necesitaba ganar, llevaba dos puntos de los últimos nueve disputados, que ahora son tres de doce posibles, pero pese a la machada de igualar dos goles en contra ante un equipazo como es el filial azulgrana, en los semblantes de los jugadores había cierta sensación de decepción tras ver que no le había dado para llevarse la victoria el dejarse hasta la última gota de sudor en el campo y haber hecho más y mejores cosas que su rival.

Da la sensación que este Alcoyano necesita dejarse el alma en cada punto, no le basta como al Barça B con poco para salvar una mala tarde. Recuerdo que el Badalona, próximo rival de los blanquiazules, le sobró para ganar en el Collao con un despiste defensivo. Es como si el Alcoyano fuera preciso que todos los astros del universo deben estar perfectamente alineados a su favor para poder hacerse con los tres puntos o de lo contrario el partido corre el peligro de convertirse en una moneda al aire que no se sabe bien hacia el lado que terminará cayendo.

Tres incisos para concluir: el primero, los árbitros. Visto lo visto esta temporada, el Collao empieza a convertirse en una peligrosa pasarela para mayor gloria del colectivo que encuentra carta blanca para el lucimiento personal. Empieza a calar entre los trencillas que el Alcoyano es un equipo violento y que siempre va al límite del reglamento. Algo habrá que hacer al respecto porque no puede ser que el equipo se cargue tanto de tarjetas en cada partido.

Segunda cuestión: la megafonía. Roza lo insólito y hasta lo chabacano lo vivido el domingo. Solo faltó darle el micrófono a Palop para escucharle dándole instrucciones a sus jugadores. Cutre no, lo siguiente.

Y por último, la preparación física del equipo. Si el Alcoyano merece un notable alto por no decir que el sobresaliente esta temporada, es el nivel físico que exhibe en cada partido. Lo del domingo fue para quitarse el sombrero. El equipo quiso y también pudo. Los jugadores tuvieron gasolina de sobra y mantuvieron la chispa hasta el final. Fue un gusto ver la ambición con la que se jugó la última media hora de partido.