Actualizado:
07 diciembre 2016
19:14
LUIS PEIDRO

Ni el peor de los enemigos

| 14-04-2016 | facebook twitter

El cartel no vende la festa. Ni el cartel de este año ni ninguno. Lo ha dicho la concejala de Turismo y se ha quedado tan ancha. Argumenta Lorena Zamorano que ésta es una imagen de consumo interno, de ir por casa. Y en cierto modo tiene razón. El paripé del descubrimiento del cartel levantará pasiones, llena gran parte de la Bandeja, da que hablar más que un lío de faldas y crea una expectación que ni la final de la Champions. Pero al cartel se le saca más allá del Barranc de la Batalla menos rendimiento que a los postes de recarga de vehículos eléctricos. Quedan muy bien, pero sirven más bien poco, mal que le pese a Gomicia.

El cartel de fiestas llega demasiado tarde para la promoción exterior, andan vociferando algunos por ahí. Tan tarde, que la obra que debía anunciar nuestras fiestas allende nuestras fronteras es sistemáticamente sustituida en la promoción por la siempre recurrida fotografía de las espectaculares escuadras de negres. No hay que calentarse mucho la cabeza. Y a fuerza de decir la verdad, no se la ha calentado nada quien ha elegido la de este año. Podrá seguir todos los cánones de la promoción turística del mundo mundial, pero parece que la haya escogido alguien de la competencia, alguien que esté deseando que no venga nadie a Alcoy los próximos 22, 23 y 24 de abril.

Vista a media distancia en los mupis y en los grandes paneles publicitarios instalados a las entradas de Alcoy, cuesta distinguir qué publicita. Podría promocionar, con todos los respetos, las fiestas del barrio de San Antonio de Villavicencio. El efecto es el mismo. Y el mismo del cartel de fiestas. Es decir nulo. Porque nadie, en verdad, se ha preocupado por hacer valer esa imagen más allá de la Bandeja.

Porque el cartel que se encarga cada año, se queda en ese minuto de gloria que otorga el momento de descorrer la cortina y dejar al descubierto la obra que más expectación crea entre las montañas que nos rodean. Pero que no pasa de ahí, para nuestra crítica y disfrute. Una certeza, por cierto, para reflexionar.