Actualizado:
07 diciembre 2016
12:30
Dany Vilaplana

Normalidad

| 24-05-2016 | facebook twitter

Se intuía un golpe de efecto para tratar de echar lo antes posible tierra encima de la última temporada y no ha tardado en llegar. A mitad de semana ya estaba el coche de Toni Seligrat en el aparcamiento del Collao. Se empezaba a preparar su cantado aterrizaje con una negociación en la que estuvieron presentes los hermanos Hita. Es una prueba de los nuevos tiempos que corren en las oficinas del club. Con su generosa aportación de capital se equiparan a Juan Serrano, Lionel Grau y José Jorge Aura, hasta hace poco accionistas mayoritarios.

El de Torrent es un técnico de consenso. Su nombre ya estuvo sobre la mesa cuando comenzaron las dudas en torno a la capacidad de Palop para llevar a buen puerto la nave blanquiazul, pero entonces la comisión deportiva no se atrevió por el alto coste de su cese. El propio Toni Seligrat reconoció en la presentación que su fichaje estuvo a punto de romperse.

Las dos partes han puesto mucho de su parte para que el acuerdo fuera posible. El Alcoyano estirándose económicamente y él aceptando rebajarse lo que cobraba en el Lleida, pero sobre todo en el Huracán. Hace tiempo que su gran ilusión como entrenador era ocupar algún día el banquillo blanquiazul y se trataba de un tren que no quería ver otra vez pasar como sucedió hace cuatro temporadas cuando Toni Torres decidió que el elegido era Asier Garitano.

En el club andan encantados con las maneras de Seligrat, a años luz de las exigencias de Óscar Cano y especialmente de Palop y su equipo de ayudantes conocido por Los Cinco Magníficos. No trae ni segundo, ni preparador físico, ni de porteros, ni un encargado de las redes sociales como tenía el de L’Alcúdia. Deja a criterio del club esta decisión. Lo que antes era todo imponer, ahora es escuchar.

Su trato sencillo ha calado muy rápido en los pocos días que lleva en el club. Su discurso es cercano y lleno de normalidad, algo que se echó mucho en falta en los dos últimos con la dichosa retahíla de profesionalizar el club. Una cantinela con la que únicamente se ha conseguido alejar aún más si cabe a los socios y de lo que es la realidad de la Segunda B.