Actualizado:
03 diciembre 2016
13:13
Dany Vilaplana

Portazo en los morros

| 10-05-2016 | facebook twitter

Lo sucedido el sábado tras el partido contra el Espanyol B, con Palop tomándose la libertad de anunciar por su cuenta y riesgo de que no iba a seguir en el banquillo blanquiazul, se enmarca dentro de la absoluta impunidad con la que el de L’Alcúdia ha maniobrado en el último año y medio, haciendo y deshaciendo a su antojo y sin que nadie le pidiera responsabilidades. En otro club sin el desgobierno que últimamente viene reinando en el Alcoyano, le habrían parado los pies en seco, se le hubiera invitado a reflexionar y comprender que hasta el 30 de junio es el entrenador del Alcoyano y que aquí cualquier decisión pasaba por el presidente o la gerencia y no por el entrenador, que al fin y al cabo su principal cometido es sacar el máximo rendimiento a una plantilla cuya confección se pagó a precio de oro.

Si reprobable fue la escena que protagonizó Palop y sus cuatro ayudantes ante la prensa, no menos grave fue la artimaña que utilizó para salirse con la suya, aprovechando la costumbre del presidente Juan Serrano de bajar a felicitar a los futbolistas tras los encuentros del Collao y hacerle llamar para que pasara a la sala de reuniones que el de L’Alcúdia pidió construir junto al vestuario de los jugadores. Le tuvo allí durante un rato largo mientras que su cuerpo técnico actuaba de parapeto para que nadie entrara ni molestara.

El órdago lo apañó con un abrazo mientras que el presidente no salía de su asombro y se preguntaba si era real lo que estaba sucediendo. Y tanto. Fue una jugada maestra que dejó a todos con cara de póker y a contrapié.

De cara al exterior quedará como que Palop cierra una etapa con el objetivo cumplido, si bien todos sabemos que su portazo del sábado llegó antes de que en el club le diera el empujón definitivo anunciando que la relación entre ambas partes quedaba rota por no llegar a los objetivos marcados a principios de temporada.

La verdad es que su último mes y medio en el club ha sido para escribir un libro. Y desde luego, el epílogo, ha sido apoteósico, de esos que tardan en olvidarse.