Actualizado:
03 diciembre 2016
01:00
LUIS PEIDRO

Todo es posible

| 30-11-2016 | facebook twitter

Ser juez en uno de los cuatro juzgados de Alcoy viene a ser algo así como ser entrenador de fútbol. Duras en el puesto menos que el sueldo en el Black Friday. Por la ciudad han pasado 42 jueces en diez años. Ayer, en el Pleno, gobierno y oposición se mostraron unánimes –sin que sirva de precedente– para apoyar la propuesta de la Junta de Jueces de solicitar que las plazas de los titulares de los juzgados pasen a ser de magistrados y, con ello, que la permanencia en la ciudad de sus señorías se estabilice. La reivindicación viene de lejos, pero el caso que se nos ha hecho hasta ahora ha sido nulo. Alcoy es una plaza de tercera categoría, un lugar de paso en la carrera judicial. Y así nos va. Con casos que pasan por las manos de distintos jueces y que se eternizan para desesperación de la ciudadanía. Por intentarlo, eso sí, que no quede.

Resolver los males de la justicia no parece fácil y tampoco debe haber sido lograr para Alcoy una inversión de un millón de euros por parte de Cruz Roja. El presidente local de la institución, Juan M. Cortés, era el sábado un hombre feliz en la inauguración de la flamante sede de la entidad, un pedazo de instalación con amplias salas en las que poder desarrollar actividades y prestar el mejor servicio. Tras 143 años de vida y cinco sedes anteriores, Cruz Roja Alcoy dispone por primera vez de una casa propia. Todo es posible, posiblemente hasta lo de los juzgados.

Ganarle al Hércules 3-0, también. En el derbi ante los alicantinos, el Collao vivió una de esas grandes tardes de fútbol que desató la euforia de la afición del Alcoyano. A alguno, eso sí, se le fue olla y su imagen mostrando al mundo la parte de su anatomía en la que la espalda pierde su nombre, ha corrido como la pólvora por las redes sociales.

Un discutible momento de gloria que nada tiene que ver con la lograda por Kiko Moya y Alberto Redrado que, con su buenas artes culinarias, han logrado la segunda estrella Michelín que convierten L’Escaleta en el mejor restaurante de la historia de estas tierras. Que no es poco.