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23 agosto 2017
19:36

A la búsqueda desesperada de empleo

Sheila y Pedro llevan cinco años viviendo casi en la calle
Actualidad | 14-02-2017 | facebook yahoo twitter

Son jóvenes, no tienen recursos, y han acudido a nuestro medio para pedir ayuda. Lo único que quieren es trabajar, aseguran, para poder ganarse la vida sin depender de nadie. A sus 22 años, llevan cinco viviendo de la caridad en una masía supuestamente abandonada. Saben que sin un empleo, nunca van a encontrar la salida.

Sheila Sánchez, a quien su familia, afirma, no puede ayudarle económicamente, salvo dándole “cinco o diez euros, de vez en cuando”, explica que el único sustento de la pareja es el dinero que recoge pidiendo en la iglesia. Se queja de que el Ayuntamiento le ha negado cualquier tipo de pensión, a pesar de que ni ella ni su pareja cuentan con ingresos. Tampoco ayuda el hecho de no tener domicilio propio, entendiendo por domicilio una vivienda alquilada o de su propiedad. “Para cualquier cosa me piden estar empadronada, y claro, viviendo allí no puedo hacerlo”, afirma la joven.

Su pareja, Pedro Amador, cuenta que su única forma de conseguir dinero por ahora es recogiendo chatarra y vendiéndola a precios irrisorios, según comenta. “Tengo un brazo prácticamente inútil por una caída que tuve de pequeño, así que muchos trabajos no puedo hacerlos”, destaca Pedro, que es mecánico de vehículos de profesión y también tiene estudios de hostelería.

Sheila, por su parte, cuenta con conocimientos de peluquería y experiencia en el cuidado de niños, enfermos y personas mayores. “Tuve que dejar mis estudios porque era imposible con todos los problemas que tenía en casa”, cuenta a modo de resumen sobre un pasado nada fácil, al igual que su pareja, que asegura sentirse “huérfano”.

Ambos viven en condiciones pésimas, sin agua corriente ni luz, en una casa en estado ruinoso de la zona de La Salle. Se calientan y cocinan con una vieja chimenea de leña y tienen ventanas –si es que así pueden considerarse– gracias a los pequeños arreglos que ha ido realizando Pedro. “Nunca nadie ha venido a echarnos –apostilla la joven– pero no es forma de vivir”. Por eso, lo único que piden es poder trabajar: “Si alguien pudiera ayudarnos en esto, no queremos nada más”, insisten.

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