Actualizado:
16 diciembre 2017
17:05
Dany Vilaplana

Fútbol alicantino

| 01-03-2017 | facebook twitter

Era la primera vez que el Deportivo ganaba en Elda en Segunda B, una plaza que siempre se le atragantaba como demuestra que habría que remontarse a la temporada 96/97, de eso hace la friolera de veinte años y en Tercera División, que no había un triunfo blanquiazul en el Pepico Amat. Pero por encima de la victoria, que permite a los de Toni Seligrat seguir pisando los talones al Barça B, me quedo con la sensación de respeto casi ceremonial y el comportamiento exquisito que tuvieron en la victoria tanto los jugadores como los más de un centenar de aficionados blanquiazules que acompañaron al equipo en el derbi. Ni un mal gesto, ni ningún signo de desprecio, ni tampoco la siempre humana necesidad de regodearse del eterno rival que está en horas bajas.

De derbi tuvo poco el partido del domingo y es que en Elda sus aficionados no están para muchas cosas. Ahora mismo lo de menos es jugar el año que viene en Tercera. Lo que realmente inquieta en la grada del Pepico Amat es la situación en la que quedará el club tras el paso de unos inversores italianos que han llevado a la entidad a la locura total. Son ya siete los técnicos que han desfilado por su banquillo y la lista de futbolistas se alarga a más de una treintena. Su plantilla es una auténtica ONU con más de once nacionalidades.

La indignación crece por momentos y el último despropósito ha sido convocar una asamblea para este jueves a las 7 de la tarde. Lo que sucede actualmente en el Eldense nos lleva a recordar lo que era el fútbol alicantino antes de la crisis del ladrillo y lo que es en la actualidad. Depender de un bolsillo y vivir por encima de las posibilidades llevaron a la desaparición del Alicante, a que Benidorm, Villajoyosa y Dénia malvivan en la Preferente, que el Hércules haya tenido que vender el Rico Pérez o que Orihuela subsista a duras penas en Tercera.

El Elche se sostiene en pinzas mientras le quede dinero de su paso por Primera División y, entre tanto despropósito, afortunadamente el Alcoyano logró hacer del sentido común su bandera, un privilegio del que ahora están disfrutando sus aficionados.

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