Actualizado:
24 septiembre 2017
18:12
Dany Vilaplana

Gallinero

| 06-09-2017 | facebook twitter

Nos creímos invencibles por aquello de ganar en la jornada inaugural en casa del Llagostera y salir reforzados del derbi con ese arreón final que dejó un buen sabor de boca en la afición. Pero la bofetada en toda la cara recibida tras la inesperada derrota ante el Cornellà nos ha devuelto a la realidad de una categoría en la que no valen las medias tintas, ni pensar que los partidos se ganan con el nombre.

La sensación que transmitió el equipo durante muchas fases del encuentro fue de dejadez y cierta falta de tensión que hasta sorprendió a una grada que viendo la apatía de algunos, enmudeció por completo y el Collao pareció más un velatorio que un partido de fútbol.

Nada hacía presagiar que la noche iba a dar un giro tan inesperado hasta que salió hablar David Torres. Pudo pasar de puntillas en sus declaraciones pero no dudó en desenfundar y apuntar hacia un objetivo claro. De sus manifestaciones se deduce claramente que entre el míster y la plantilla hay un claro problema de entendimiento y que ahora mismo en el vestuario blanquiazul se hablan dos idiomas completamente diferentes. Es evidente que hay una ruptura y que este tipo de situaciones suelen tener un arreglo traumático. El divorcio entre ambas partes debe ser muy grande para que a la tercera jornada se esté buscando un culpable cuando ha llegado la primera derrota. Podría pensarse que han sido unas declaraciones producto de un calentón tras perder un partido que se daba por ganado y que hubiera dejado al Alcoyano en una situación de privilegio en la tabla, pero me temo que el vestuario va más allá del domingo y su mosqueo viene de lejos.

A Toni Aparicio se le ha revolucionado el gallinero. Las consecuencias ahora mismo del motín que tiene dentro son difíciles de predecir pero no tiene muy buena pinta cuando los trapos sucios no se lavan de puertas hacia adentro y se señala al entrenador, habitualmente la parte más débil por donde se suele romper la cuerda. El de Enguera ahora tiene dos partidos en cuatro días para calmar los ánimos y reconducir la situación. De lo contrario, desde dentro del vestuario ya le han puesto fecha de caducidad a su cargo.

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