Actualizado:
19 agosto 2017
20:18
Xesca Lloria

La urbanidad de mi abuela

| 23-03-2017 | facebook twitter

Recuerdo que mi abuela se preguntaba, una y otra vez, qué pasaría con esa generación de escolares de los años setenta y ochenta, es decir, mi época, que ya no daban ‘urbanidad’ en el colegio. Y yo, también una y otra vez, le hacía repetir qué era eso de la ‘urbanidad’: “la manera de comportarnos en sociedad” me decía, convencida de que algo estaba fallando, y me incidía en la importancia de la educación y el respeto.

A diario recuerdo las palabras de mi abuela Paquita y no sé si es culpa de mi generación, de las de antes, de las de después, o ni siquiera es una cuestión generacional, pero lo cierto es que son muchos a quienes les falla ese comportamiento en sociedad. Y comportamiento a comportamiento, llega finalmente el problema, la dejadez y la suciedad. Que sí, que falta limpieza, y seguro que habrá quien remarque que es obligación del Ayuntamiento el que la ciudad esté a punto, pero lo cierto es que los vecinos ejecutamos a diario acciones que para nada contribuyen a hacerla agradable.

Y es que no es normal que en un tramo de calle en el que hay cuatro grupos de contenedores para residuos, noche tras noche haya alguien que decida que el mejor lugar para su bolsa de basura es justo una papelera que hay en la fachada del edificio en el que vivo. Y si hablamos de papeleras, unas 800 hay en Alcoy, pero siempre hay quien parece que no las ve ni tiene espera para depositar sus restos, y tira sin más el papelito en el suelo.

Mucho se habla de la falta de civismo de quienes no recogen las cacas de sus perros, depositadas en las aceras para causar molestias al primero que pase por allí, y así es, como también es vergonzoso el estado en que quedó La Glorieta después de un reciente fiestón universitario, absolutamente impracticable y con basura desparramada por todo el parque, como también sucede en otros momentos en que se utilizan espacios públicos para determinados eventos. El respeto hacia los demás es básico para la convivencia, algo que a menudo pasa de largo y no hablo de normas estrictas, sencillamente de algo tan sencillo como es no ensuciar.

Considero que desde el cumplimiento de cada uno de nosotros tendremos más fuerza para reclamar a nuestros políticos que también cumplan.

El nostre ciutat