Actualizado:
21 noviembre 2017
19:00
Salomé Moltó

Los abuelos siempre están

| 24-10-2017 | facebook twitter

Son muchas las personas que apuntan a que ya estamos en el cenit de la crisis y que a partir de ahora empezaran a notase las mejoras en la economía. Muchos dudamos de que así sea, más bien pensamos, que no hemos hecho más que empezar este calvario de restricciones, frustraciones y desencantos.

Nos duele la situación por esa juventud, nunca mejor preparada que la juventud de ahora para poder regir y administrar la sociedad, sin embargo, el éxodo permanente que se ha emprendido a la búsqueda de oportunidades nos causa un inmenso dolor, pero no sólo es la juventud la que lleva la parte más dolorosa de esta situación, hay un colectivo silencioso, el de los abuelos, que sufre en silencio tanto o más que los demás.

Ese dolor de espaldas al que se está acostumbrado, porque los fármacos alivian poco, esas imprecisiones y titubeos que se producen en el diario vivir por el deterioro que la vida impone, esas arrugas que descubrimos hace tiempo y que ya no importan en absoluto porque les tenemos cariño. Con todo lo negativo se vive y con lo poco positivo que queda, también. Nos consolamos porque, si hay una verdad más absoluta en los mayores, es que todo lo dan y si sufren, es porque ya no les queda nada conque obsequiar, socorrer, y ayudar a los suyos.

Esas manos sabias que tantos guisos hicieron, tantos bordados, remiendos y también filigranas con que adornaron los trajes de fiesta para los hijos y nietos, son una constante en sus vidas. La sociedad, en su avance generacional, suele olvidar el camino que va a recorrer, que no es más que el mismo que sus mayores ya han recorrido. Se suele estructurar a las generaciones en convencionalismos que sirven a unos u otros intereses.

Pero ese viejo que sentado en el parque observa cómo juegan los niños y cantan los pájaros, esa mujer mayor relegada a la cocina, a las mil tareas domésticas, sí, esas personas mayores, siguen pensando en lo bonito que es pasear por las avenidas, los parques y los jardines charlando con los demás. Les sigue agradando ir al cine, al teatro, discutir de forma reposada, sobre los mil problemas que hay que afrontar cada día y lo crucial, que sigue siendo importante para ellos, que se les considere tan válidos como cuando eran jóvenes.

El nostre ciutat