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23 mayo 2018
18:05

Una batalla de arcabucería con 300 kilos de pólvora en Muro

La jornada empezó con la humorística ’Ambaixada del Tonell’
Comarca | 15-05-2018 | facebook yahoo twitter

El conocido como día ‘Els Trons’ puso ayer el colofón a la primera parte de las Fiestas de Moros y Cristianos de Muro de este 2018. Como es habitual cada año, la jornada empezó con la humorística ‘Ambaixada del Tonell’ que protagonizaron en la Placeta Molina y delante del Ayuntamiento las filaes Mare de Déu y Llana. Ambas, con elevadas dosis de humor y referencias a la actualidad como la crisis política de Cataluña o el polémico máster de Cristina Cifuentes, mantuvieron un tenso e irónico diálogo motivado por la disputa acerca de un preciado tonel lleno de buen vino. Finalmente, las palabras dieron paso al acuerdo y las dos formaciones marcharon acompañadas de sus bandas de música a degustar un buen almuerzo y a dar cuenta del mencionado tonel que este año fue totalmente renovado por parte de la filà Mare de Déu.

Momento de la ’Ambaixada del Tonell’.

La actividad festera se retomó a mediodía con la Embajada Mora en la Plaça del Matzem, protagonizada este año por Pere Corredor, de la filà Verds, en la que las tropas árabes pidieron a las fuerzas de la cruz la entrega del castillo y de los campos fértiles de Muro ubicados junto al río Serpis.

Ante la negativa de los cristianos, se inició la lucha armada entre los cargos festeros, una batalla que finalizó con la victoria de los moros. Al filo de las siete de la tarde se efectuó la Embajada Cristiana, desempeñada en este caso por el padre del capitán cristiano, Toni Olcina, en representación dela filà Maseros. Al igual que en la mañana, no hubo acuerdo, y tras el diálogo, las armas decantaron la batalla a favor de los cristianos, los cuáles recuperaron el castillo y levantaron su enseña en todas las torres.

Indicar que ambas Embajadas estuvieron precedidas por el disparo de arcabucería, en el que se emplearon unos trescientos kilos de pólvora. La jornada acabó con la Retreta, en la que no faltaron los clásicos farolillos, y una novedosa cena de hermandad que reunió a los festeros de todas las filaes en la Plaça Matzem para celebrar conjuntamente el fin de los días grandes de Fiestas.

Texto de Gabriel Pascual

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